El Secreto de los Tres Maderos: El Viaje Mágico de la Cruz de los Hernández Ramoni
La tradición no es algo que simplemente se hereda; es un fuego sutil que viaja en la sangre. En el corazón de la familia Hernández Ramoni, la devoción a la Cruz de Mayo no es la excepción: es un lazo invisible y poderoso que une generaciones, cruza océanos y desafía al tiempo mismo. Todo comenzó con el susurro de los ancestros. Doña Petra Ramoni de Hernández guardaba en su memoria el brillo en los ojos de su madre, María Lara de Ramoni, quien cada tres de mayo encendía la primera vela frente al altar, perfumando la casa con flores de la época y sumergiendo a la familia en un rito sagrado. Con los años, esa chispa encendió también el alma de su esposo, José M. Hernández R., y de sus hijos, Alex y María de Los Ángeles, convirtiendo la promesa familiar en un pilar inquebrantable.
El culto a la cruz de mayo se celebra tradicionalmente en varios estados de Venezuela, donde sus adoradores le dedican oraciones y decimas cantadas
Pero las verdaderas historias mágicas necesitan de artífices que sepan escuchar a la madera. Ese hombre fue el señor Jesús Longa, un respetado maestro carpintero de la población de La Troja, en el Municipio Eulalia Buroz. Con manos sabias y bendecidas, el maestro Longa recibió la encomienda de dar vida a tres maderos: una Cruz grande y dos réplicas pequeñas, idénticas en su misterio.
La Cruz grande posee un alma antigua. El destino quiso que el señor Carlos Osorio Crasus obsequiara a la familia una madera excepcional, extraída de las entrañas de una vieja casona de la calle Comercio de Río Chico. Era un madero con dos siglos de historia, cargado de los secretos, los cantos y el calor del Barlovento de antaño. Tras ser tallada, esta majestuosa Cruz fue bautizada en las aguas espirituales de la Semana Santa del año 2021. Desde entonces, vigila y bendice el hogar matriz de los Hernández Ramoni en Río Chico, Municipio Páez del Estado Miranda, donde su presencia se siente como un escudo de paz y una antena que conecta la tierra con el cielo.
Las dos cruces pequeñas, nacidas hace quince años, recibieron un destino de andanza y generosidad. Como si tuvieran alas propias, la primera de ellas fue donada a la sede de la Asociación Venezolana de Intérpretes y Productores Fonográficos (AVINPRO), entregada en las manos de su entonces presidente, Don Jesús Colmenares, para que la música y el talento de los artistas venezolanos contaran siempre con una guía divina. La segunda cruz pequeña estaba destinada a un milagro heráldico: romper las fronteras de la distancia. El 29 de noviembre del año 2025, resguardada por el amor de su custodio, el señor José M. Hernández R., la pequeña Cruz cruzó el Atlántico en un viaje suspendido en el tiempo. Dejó los vientos cálidos de Venezuela para echar raíces en la bruma eterna de Tenerife, en las Islas Canarias.
Hoy, esa Cruz compañera reposa en el hogar de su hija, María de Los Ángeles Hernández Ramoni, en el sector La Vera, de la histórica Villa de La Orotava en España. Dicen quienes visitan la casa que, cada mes de mayo, cuando el calendario marca el día tres, el pequeño madero canario exhala un sutil aroma a cacao, a flor de mayo y a tierra barloventeña, demostrando que no importa qué tan lejos esté el cuerpo, el espíritu y la tradición de la familia Hernández Ramoni permanecen unidos bajo el mismo cielo y la misma fe.
Avinpro… ¡Y que suene la música!
